Áreas de Intervención

Parejas:

Con frecuencia, los conflictos en las relaciones de pareja son el origen del malestar de muchas personas. Es evidente que en la sociedad actual los modelos de relaciones se están ampliando y evolucionan con un ritmo muy acelerado: cada año aumenta el número de separaciones y disminuye el número de nuevos compromisos.

Si los problemas en las relaciones de pareja hacen difícil su continuidad, puede ser un buen momento para consultar con un psicólogo.

 

Familias:

Actualmente convivimos con una amplia diversidad de configuraciones familiares: familias tradicionales, familias adoptivas, familias reconstruidas, familias monoparentales, familias con padres homosexuales y un largo etcétera.

Además debemos tener en cuenta el acceso a la maternidad y a la paternidad como consecuencia de las últimas tecnologías. En nuestros días, no es imprescindible que sexualidad y reproducción vayan unidos.

Para muchas madres y padres es muy difícil encontrar una buena manera, equilibrada, de relacionarse con sus hijos pues no tienen claro qué modelos de interacción pueden ser más convenientes: ¿padres autoritarios?; ¿padres que marcan límites?; ¿padres permisivos? ¿padres-colegas de sus hijos?

Cuando las relaciones entre padres e hijos se deterioran los elementos más débiles suelen ser los más perjudicados y puede ser un buen momento para solicitar una ayuda para el grupo familiar.

 

Niños:

La infancia no suele ser una etapa fácil de la vida pues está repleta de cambios que suponen nuevos retos. Muchos niños tienen dificultades para enfrentarse a estos desafíos y, debido a la imposibilidad de expresar su malestar con palabras, lo hacen a través de diferentes síntomas como pueden ser:

  • dificultades escolares y en el aprendizaje.
  • trastornos de la alimentación, el sueño, el comportamiento.
  • problemas de relación en el entorno familiar o con otros niños de su edad.
  • temores inexplicables, agitación y desasosiego.
  • aislamiento y falta de empatía.

Los adultos que acompañan a estos niños en su crecimiento tienen la responsabilidad de saber evaluar estas dificultades y consultar a un profesional si consideran que necesitan ayuda.

 

Adolescentes:

El recorrido por la adolescencia, que cada vez parece alargarse más, suele ser un camino sembrado de desafíos desconocidos: hay que convertirse en adultos y es habitual que los padres no sean modelos válidos. Se dejan atrás las pautas de conducta infantiles pero la madurez se vislumbra como algo muy lejano. Son los años de búsqueda de una identidad singular que nos permita encontrar un lugar en el mundo de los adultos. Además, la irrupción de la sexualidad hace más complejo este proceso y las dificultades se pueden expresar en:

  • fracaso escolar o conflictos escolares y de aprendizaje.
  • situaciones problemáticas en el entorno familiar que hacen difícil la convivencia.
  • trastornos de la alimentación como: anorexia, bulimia, obesidad.
  • aparición de conductas adictivas en cuanto a actividades, sustancias, etc.
  • conflictos en las relaciones grupales: agresividad, apatía.
  • el aislamiento favorecido por los nuevos gadgets.

Como adultos es muy difícil saber observar desde una distancia adecuada que les permita la autonomía necesaria pero sin caer en la indiferencia. Algunas veces, consultar en el momento oportuno puede evitar futuras complicaciones.

 

Adultos:

La llegada a la edad adulta no nos aleja de los conflictos. En nuestros días las relaciones-personales, laborales- cambian a una velocidad de vértigo. Muchas veces nos resulta difícil vivir cómodos con nosotros mismos y con nuestro entorno y nuestro malestar se manifiesta en:

  • dificultades en las relaciones sociales y familiares que nos permitan mantener vínculos sólidos.
  • problemas en las relaciones sexuales.
  • conflictos con el propio cuerpo que dan lugar a enfermedades, dolores, etc.
  • alteraciones del sueño, de la alimentación.
  • miedos, temores, fobias, inseguridad, baja autoestima.
  • angustia, ansiedad, depresión.
  • problemas con el trabajo o por la falta de trabajo.

Es cierto que la existencia nunca transcurre sin complicaciones pero el momento actual nos hace más inestable el terreno donde tenemos que vivir. Por eso, puede ser conveniente recurrir a un profesional en el momento adecuado.